Orden Martinista & Sinárquica

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2. Iniciado

Programa de Estudio


"La Tabla Natural de las Relaciones que existen entre Dios, el Hombre y la Naturaleza" (1.782): El Hombre había sido privado de sus aptitudes y medios superiores por estar sumergido en la materia tan profundamente que perdió la conciencia de su naturaleza original, que tenía antes de la caída y que era reflejo de la imagen de Dios. Con esta caída el Hombre quedó apartado del cuadro de sus propios derechos y dejaría de ser un eslabón entre Dios y la Naturaleza.

En esta obra, compuesta en París por recomendación de algunos amigos, el autor infiere, de la superioridad  de las facultades del Hombre y de sus actos sobre los órganos de los sentidos y sobre sus producciones, que la existencia de la naturaleza, sea en general, sea en particular, es igualmente el producto de poderes creadores superiores a este resultado. Sin embargo, el Hombre depende de las cosas físicas, de las que no adquiere más que la idea que ellas forman a través de la impresión de  sus órganos. Pero tiene, al mismo tiempo, nociones de otra clase distinta, ideas de ley y de poder, de orden y de unidad, de sabiduría y de justicia. Así pues, depende de sus ideas intelectuales y morales, al igual que de sus ideas extraídas de sus sentidos. Ahora bien, las primeras no provienen de él: parten pues de otra fuente, de facultades exteriores que producen en él los pensamientos. Pero, ¿de dónde nace esta dependencia? Del desorden producido por una causa inferior, que se opone a la causa superior, y que ha dejado de ser en su ley.

El hombre está caído: desde entonces, lo que existía en principio de forma inmaterial ha sido sensibilizado bajo formas materiales. El orden y el desorden son manifiestos. Sin embargo, todo tiende a reintegrarse en la unidad de donde todo ha salido. Si, a consecuencia de esta caída, las virtudes o facultades morales e intelectuales han sido divididas por el hombre, él debe trabajar en revivificar su voluntad por el deseo, para reunir lo que ha sido separado. Pero su regeneración no se puede operar sin la intermediación del Reparador, pues el sacrificio ha reemplazado las expiaciones que tendrían lugar según la ley del espíritu. Tal es el plan de esta obra capital, cuyo desarrollo lógico es conciso, y más metódico o más continuo que en la primera. En algunas partes, señalado por comillas, aparecen comentarios algo extraños al discurso: son los que contienen la parte enigmática de la doctrina de Martinez, donde se dice, por ejemplo, en la lengua misteriosa de los números, que el hombre se perdió del 4 al 9, lo que quiere decir del espíritu a la materia. Pero es en este punto donde por estas figuras puramente alegóricas se debe juzgar el fondo de la doctrina.   

"El Hombre Nuevo" (1.792): Es más bien una exhortación que una enseñanza. Lo escribe en Strasbourg, en 1.790, por consejo del caballero Silverhielm, antiguo capellán del rey de Suecia y sobrino de Swedenborg. Trata del pensamiento como un órgano de Renacimiento que permite penetrar lo más profundo del ser humano y descubrir la verdad eterna de su naturaleza.

La idea fundamental de esta obra es que el Hombre porta en sí mismo una especie de texto, en el que su vida entera deberá ser el desarrollo, porque el alma del Hombre, dice, es primitivamente un pensamiento de Dios: de ahí resulta que el medio de renovarnos entrando en nuestra verdadera naturaleza, es pensar por nuestro propio Principio, y emplear nuestros pensamientos como órganos para operar esta renovación. A pesar de la elevada fuente donde el autor se sitúa, confesaría más tarde que no habría escrito este libro, o que lo habría escrito de otro modo si antes hubiese conocido la obra de J. Böhme.


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